
Desde siempre he soñado con disponer de un observatorio astronómico propio, un lugar donde colocar mis equipos de manera fija y poder aspirar a realizar trabajos de más envergadura. Pero mientras esto llegue he de conformarme con transportar toda la artillería a lugares con cielos, más o menos oscuros. Esto no es poco, hoy día un equipo medio de observación incluye tantos artilugios que si lo meditas te quedas en casa bajando las últimas imágenes del Hubble de Internet. Al tradicional telescopio y montura actualmente hay que añadirle, el ordenador portátil, el tubo guía, la inmensidad de cables, las baterías, y las cámaras digitales, CCD o DSLR o ambas, con todos sus accesorios (seguro que se me olvida algo, como cuando voy al campo), todo muy delicado y pesado. Montar y desmontar es una pesadilla, principalmente cuando la climatología no acompaña, que es casi siempre.
Yo, como la mayoría de amateur, no frecuento un solo lugar de observación. Siempre ando buscando, o mejor huyendo de la contaminación luminosa de las ciudades. Cada vez me transporto mas lejos de mi casa para hacer astronomía, cada vez lo tengo/tenemos más difícil. Y eso que en Granada, por ser una ciudad medianita, el problema es de menos calado que en las grandes urbes. Contamos además con uno de los mejores emplazamientos para la observación que hay: Sierra Nevada. Aunque esto lleva trazas de convertirse en una historia del pasado, la sierra se ha degradado tanto en los últimos 15 o 20 años, que incluso en noches de Luna nueva, podemos ver nuestra sombra.
De los emplazamientos de observación que más frecuento, unos son idóneos para el verano, otros más para el invierno, y todos me pillan relativamente lejanos. Estos son con su correspondiente marcador a Google Earth o enlace a Google Maps. Leer más de este artículo
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