La Gran Nube de Magallanes

La Gran Nube de Magallanes (LMC) – 18 de noviembre de 2019 – A. Porcel (SAG/SAGaustral)

Esta imagen de la de la Gran Nube de Magallanes ha sido obtenida dentro del programa SAGaustral de la Sociedad Astronómica Granadina. Este proyecto tiene como objetivo la utilización de telescopios remotos, poniendo a disposición de los socios de la SAG, tiempo en observatorios localizados en el hemisferio sur.

En esta ocasión, se han utilizado las instalaciones del observatorio Chilescope, situado en los Ándes chilenos cerca de la ciudad de Ovalle (S 30º 27″, W 70º 45″), con el instrumental del telescopio VST:

Telescopio/objetivo: Nikón DF de 200 mm f/2
Cámara: FLI Microline 16200 (4500×3600 pixel – 6.0 x 6.0 µm)
Rueda de filtros: 2”, 7 posiciones
Montura: 10 Micron GM1000HPs

Los tiempos de integración han sido:

L 5×180” bin1x1 (15 mi)
R 3×300” bin1x1 (15 m) – G 3×300” bin1x1 (15 m) – B 3×300” bin1x1 (15 m)
Ha 4×600” bin1x1 (40 m)

En total 1h 40m de exposición en HLRGB a una temperatura del sensor de -20ºC, más las correspondientes tomas de Dark, Flats, FlatDarks y Bias.


Ampliación por sectores

 

Algunos datos sobre la gran Nube de Magallanes

La Gran Nube de Magallanes (LMC) es una galaxia que toma su nombre del explorador portugués Fernando de Magallanes, que fue quién la puso en conocimiento de occidente. La observó durante su viaje de circunnavegación de la Tierra al servicio de Carlos I, que partió de Sevilla el 10 de agosto de 1519. Dada su posición, muy al sur de la eclíptica, era un objeto celeste desconocido, aunque no en latitudes australes, siendo mencionada como Al Bakr (el Buey Blanco) en el año 964 en un texto conocido como el “Libro de las Estrellas Fijas”, escrito por el astrónomo persa Abd Al-Rahman. Incluso Americo Vespuccio la menciona en una carta sobre su tercer viaje de exploración (1503-1504).

Es una Galaxia enana, que durante muchos años se creyó que era la más cercana a la Vía Láctea. Hoy se sabe que es la tercera más cercana, después de las galaxias, también enanas, del Can Mayor y la Elíptica de Sagitario. Es parte de las llamadas Nubes de Magallanes junto a la Pequeña Nube de Magallanes (NGC 292), otra galaxia enana. A simple vista es visible como una débil nubosidad entre las constelaciones de Dorado y Mensa, siendo uno de los objetos más típicos del cielo nocturno del hemisferio austral.

Su morfología es la de espiral barrada sin estructura de anillo, ni bulbo, bastante irregular, debido quizás a la interacción gravitatoria con la Vía Láctea y la Pequeña Nube de Magallanes. Por el estudio de las estrellas cefeidas de la zona noroeste de LMC, se sabe que esta región es la más cercana a nosotros, con una inclinación de unos 35° respecto al plano perpendicular de la Vía Láctea.

Está a unos 163.000 años luz de la Tierra y su diámetro es de 35.000 años luz. En su interior contiene unos 30.000 millones de estrellas, 60 cúmulos globulares, 700 cúmulos abiertos, 400 nebulosas planetarias, y cientos de miles de estrellas gigantes y supergigantes. Cabe destacar, entre otros, objetos como la Nebulosa de la Tarántula (NGC 2070), la Nebulosa de Cabeza de Fantasma (NGC 2080), NGC 1850 y NGC 1818, este último con una edad de solo 40 millones de años, lo que lo hace uno de los cúmulos globulares más jóvenes conocidos. La estrella más brillante de LMC es S Doradus, una variable azul que en su máximo puede alcanzar una magnitud absoluta de -10. Todo esto nos da una masa total que es aproximadamente un décimo de la de la Vía Láctea, pero en una fase de gran actividad de formación estelar, ya que es muy rica en polvo y gas.

Esta galaxia, junto con su compañera menor, han tenido un papel relevante es varios hitos de la astronomía moderna. El más antiguo, se remonta a principios del siglo XX, cuando se utilizaron las cefeidas de estas galaxias para hacer las primeras mediciones realistas del tamaño del Universo, mediante la relación periodo-luminosidad descubierta por Henrietta Swan Leavitt, del que podemos ver un artículo más detallado este mismo sitio. El otro se remonta a 1987, año en el que pudimos observar la luz y radiación que llego a la Tierra, procedente de una supernova que exploto en la nebulosa de la Tarántula. De esto vamos a esbozar unos breves apuntes a continuación, pero os sugiero consultar un interesante artículo sobre el tema, escrito por Ángel R. López Sánchez en NAUKAS.

La inesperada supernova del siglo XX

La supernova más cercana observada en el siglo XX, explotó en un borde exterior de la nebulosa de la Tarántula. Con una magnitud visual de 3, fue lo suficientemente brillante como para verse a simple vista, Su luz llegó a la Tierra el 23 de febrero de 1987, y fue decayendo lentamente durante los siguientes meses. Se la designo como “SN 1987A”.

Descubierta por Ian Shelton y Oscar Duhalde desde el Observatorio Las Campanas en Chile, el 24 de febrero de 1987, y de forma independiente por Albert Jones, un astrónomo amateur de Nueva Zelanda, significo la primera oportunidad de observar de forma exhaustiva una supernova.

La estrella progenitora de SN 1987A fue identifica como Sanduleak -69° 202a, una supergigante azul de tipo espectral B3. Esto fue toda una sorpresa, ya que según los modelos de evolución estelar, las supergigantes azules no se consideraban precursoras de supernovas. Esta dificultades de interpretación siguen a fecha de hoy, sin embargo, actualmente se piensa que la progenitora era una binaria, cuyas componentes se fusionaron unos 20.000 años antes de la explosión, formando la supergigante azul. Esto explicaría, entre otras cosas, la asimetría detectafa.

Se estima que SN 1987A, al ser una supernova de colapso de núcleo, ha dejado como remanente una estrella de neutrones, pero esta no se ha detectado, solo se observan unos anillos, cuyo origen parece ser material eyectado por la estrella progenitora miles de años antes, que tras la explosión se han vuelto brillantes al ser excitados por la radiación ultravioleta emanada de esta.

En cualquier caso, la ausencia de la predicha estrella de neutrones, sigue siendo un enigma. Se argumenta con que puede estar oculta entre las densas nubes de gas y polvo de la región. Pero también se especula, que tras el colapso del núcleo, grandes cantidades de material volvieron a caer sobre la estrella de neutrones, con lo que el colapso continúo hasta formar un agujero negro.

 

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